Educación. De esto iba el 8 de marzo.

Entre tanto debate sobre la igualdad de la mujer en un día marcado en el calendario de medios de comunicación, políticos, artistas de todos los ámbitos, etc. yo me he quedado con una frase que verdaderamente me ha hecho reflexionar. Y es que lejos de los famosos “micromachismos” a los que frecuentemente hago referencia en mis círculos cercanos por la involuntaria impotencia que éstos me generan, hay una realidad que va más allá de celebrar un día como el de la mujer trabajadora.

No se trata únicamente de conmemorar el 8 de marzo por el hecho de ser mujeres y trabajadoras. Se trata de “recordar” y de hacerlo porque pese a lo que muchos círculos inmovilistas digan, siguen existiendo desigualdades. Sociales y a la vez culturales, porque hay costumbres, tradiciones e incluso acciones fruto del subconsciente masculino (y muchas veces incluso femenino) que se repiten día tras día y por las cuáles debemos seguir trabajando, seguir evolucionando, seguir celebrando un día como el de ayer.

Cuando Emma Watson, durante un evento del movimiento HeforShe en la sede de las Naciones Unidas dijo aquello de “Hombres: aprovecho esta oportunidad para extenderles una invitación formal. La igualdad de género también es su problema“, anticipó un movimiento que si bien, no pretende igualarse a la admirable lucha que lideraron nuestras madres y abuelas, sí implica la asimilación de un concepto que está resultando clave para esta batalla por la igualdad: la educación.

Lo que estamos viviendo en estos últimos años no es una reivindicación caprichosa del movimiento feminista que, dicho sea de paso, no es sinónimo del “machismo” (consúltese sencillamente el significado según la Real Academia de la Lengua Española de ambos términos):
Lo que vemos en estos tiempos en nuestros muros de Facebook, en Twitter, en los medios de comunicación, en los movimientos que surgen de mujeres en diferentes ámbitos alzando la voz… Todo esto se llama concienciación, pero también educación. Porque lo queramos o no, todo empieza por las bases. Independientemente de que existan individuos que tiendan a los extremos, que conozcamos, hayamos oído o nos hayan contado algunos casos aislados. Independientemente de todo esto, la educación tanto de hombres y mujeres sobre la importancia de RESPETAR es fundamental y justamente de eso va el 8 de marzo. De nada más y nada menos.
No tolero escuchar comentarios del tipo “si quieren igualdad, ¿por qué no hay un día del hombre trabajador…?”, o “ya es un poco exagerado el bombo que se le da”.
Quiénes piensan y dicen esto, no han entendido obviamente el sentido de una jornada como la de ayer. Y para aquellos, solo espero que un día no tengan una hija, una sobrina, una nieta o una amiga a la que se le niegue el éxito por ser mujer, a la que se denigre por su aparente debilidad o a la que se cuestione por asumir que precisa de una tutela impregnada de masculinidad.
Estoy de acuerdo en que la reivindicación estática no sirve de nada, o lo que es lo mismo: quejarse sin reaccionar. En nuestro trabajo, el de las mujeres siendo cada vez más profesionales, más competentes y más eficaces está la clave. Pero también en el de los hombres que sepan reconocer todo eso sin sentirse amenazados, sumándose a la causa y aceptando la igualdad como un bien fundamental para toda la sociedad. 
Educación. De esto trataba el 8 de marzo.

Gina Gulberti

Soy profesional de la comunicación y el marketing digital con infinitas ganas por aprender más y más. Actualmente trabajo como Marketing Operations Director de Launchmetrics dirigiendo un equipo digital de seis personas. También doy clases en la Escuela Internacional de Comunicación. Soy una adicta a los viajes, una ‘yogui’ aficionada, y una apasionada por la moda y la creatividad.

Leave a comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *